La tendencia más destacada en el sector global de la gestión de jardines es el fortalecimiento del mantenimiento adaptado al clima en jardines públicos y botánicos. A medida que las olas de calor, las sequías y las lluvias torrenciales repentinas se vuelven recurrentes, los gestores de jardines en diversas regiones, incluyendo Europa, Norteamérica y Oceanía, se están centrando en rediseñar sus sistemas de gestión existentes —que se centraban en el riego, el drenaje, el acolchado y la mejora del suelo— para adaptarlos a prácticas más sofisticadas.
Este cambio es significativo, ya que requiere considerar las tasas de supervivencia de las plantas, la reducción de los costos operativos, la seguridad de los visitantes y la resiliencia ecológica, yendo más allá del simple mantenimiento de las instalaciones.
En particular, dado que los jardines públicos sirven como infraestructura verde representativa dentro de las ciudades, las capacidades de gestión que mejoran la eficiencia en el uso del agua, manteniendo al mismo tiempo la salud de las plantas y la calidad del paisaje, se consideran una ventaja competitiva fundamental. En la práctica, se observa una creciente tendencia a abandonar la gestión centrada en el césped y a expandir las combinaciones de plantas resistentes a la sequía, implementando simultáneamente la mejora del suelo con métodos orgánicos, el aprovechamiento del agua de lluvia, la optimización del riego por zonas y el monitoreo temprano de plagas y enfermedades. Este enfoque ayuda a reducir la incertidumbre en la gestión causada por el cambio climático y, a largo plazo, estabiliza los costos de mantenimiento y el consumo de recursos. Las políticas de espacios verdes urbanos también influyen en el funcionamiento de los jardines públicos. Muchas ciudades están reevaluando los estándares de gestión de los espacios verdes públicos con el objetivo de mitigar el efecto isla de calor urbano, abordar la escasez de agua y promover la biodiversidad, mientras que los jardines botánicos y municipales sirven como laboratorios para demostrar modelos de gestión prácticos. En consecuencia, el desempeño de la gestión se evalúa cada vez más en función de indicadores como la resiliencia, la conservación de la humedad, la salud del suelo y la conectividad ecológica, en lugar de solo la estética. El sector considera que estas tendencias internacionales también tienen implicaciones directas para el mercado coreano. Dado que las olas de calor estivales, las lluvias torrenciales localizadas y las sequías estacionales se repiten en el país, existe una creciente necesidad de diseñar de forma integral estrategias de mantenimiento centradas en la eficiencia hídrica, la gestión de la salud del suelo y la adaptación climática para jardines públicos, paisajismo corporativo y espacios verdes en grandes proyectos de uso mixto. La idea de que la competitividad de la gestión de jardines en el futuro depende más de su estabilidad con recursos mínimos que de su belleza está ganando terreno.