El punto central es que una victoria gigante confirmada en el drenaje alto del Orinoco, asociado con la zona de Inírida en el departamento colombiano de Guainía, fue descrita formalmente como una nueva especie: Victoria colombiana. El artículo se publicó el 7 de octubre de 2026 en Phytotaxa, volumen 778, número 2, y Kew difundió los resultados en un comunicado del 9 de octubre.
Según Kew, la investigación comenzó cuando Carlos Magdalena, horticultor de investigación botánica y científica de Kew, vio fotografías de la región de Inírida en Instagram unos cinco años antes y puso en duda la identificación. Luego, el equipo combinó imágenes satelitales, conocimiento local y trabajo de campo para reunir evidencias de la presencia de plantas del género Victoria en la zona.
El trabajo de campo contó con Mauricio Bernal, del Jardín Botánico de Bogotá José Celestino Mutis, y con integrantes de resguardos indígenas. El comunicado de Kew señaló que el conocimiento de participantes locales como Nilo Rodríguez, Jaime Hernández y Gustavo Melo fue importante para organizar la expedición y localizar las plantas.
Los investigadores indicaron que durante una expedición de cinco días inicialmente hallaron solo dos individuos sin flor, pero poco antes del regreso viajaron de noche y localizaron una segunda población en un pequeño lago. Allí registraron cinco plantas adicionales, incluida una en flor, lo que permitió obtener el material botánico necesario para describir la especie.
El resumen de Phytotaxa indica que el mapeo de poblaciones de Victoria en los drenajes fluviales de Sudamérica y la comparación morfológica respaldaron el reconocimiento no solo de Victoria colombiana, sino también de Victoria mattogrossensis en la región del Pantanal. El artículo señala que actualmente se aceptan cinco especies de Victoria y que difieren en morfología y distribución.
En materia de conservación, el equipo estima que quedan entre 30 y 50 plantas silvestres de Victoria colombiana y señala que se trabaja en una evaluación oficial para la Lista Roja de la UICN. Kew indicó que las discusiones de conservación a largo plazo incluyen estudios de cultivo en Bogotá, continuidad en la recolección de semillas y la posibilidad de establecer una población naturalizada en un lago más accesible dentro de territorio indígena.
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